Dar tragos a esa bebida amarga se me hizo normal, una adicción a ese brebaje que ni siquiera me gustaba, mas lo acompañaba con cada anocher y se volvio la compañera de aquel orbe que me bañaba con inspiración nocturna. Se volvió una costumbre, mas que una adicción, lo especial perdio su momento y fue mi masoquismo lo que me hizo volver, mirar por el retrovisor y dar un gran sorbo. Hoy rompí el retrovisor
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